sábado, 5 de septiembre de 2026

QUERIDA PRIMA ACACINA

 

A pesar de los 800 kilómetros,

el teléfono hacía corto el camino,

en cada llamada  nos dejábamos el alma,

ignorando la distancia y el destino.

Te fuiste con tu pueblo en los labios,

y con el viaje que no pudo ser,

pero en nuestra mente guardamos tu

sonrisa, tu cariño, tu amor

todo esto, nunca va a desaparecer.

Hoy el silencio se hace dueño del teléfono,

pero en nuestra mente y en nuestro

corazón,  tú estás y estarás en la  memoria.

Descansa en paz, nuestra prima querida,

que el amor no termina con la historia.

¿Quién era Acacina?

Nuestra prima de Venialbo, Zamora. El día 1 de septiembre del presente año 2026, nos dejó a la edad de 98 años. Tuvo 8 hijos, 10 nietos y 12 biznietos…por todos ellos sentía un gran cariño y un inmenso orgullo.

Amparo y yo formamos parte del “resto” de la familia: éramos primos. Éramos “los de Valencia”.

Desde Vinaròs (CS), donde residimos en la actualidad, queremos centrarnos en tus inmensas cualidades humanas, en tus virtudes como mujer, como esposa, como madre, abuela, bisabuela… Tuvimos mucha suerte de vivir grandes momentos a tu lado y, cómo  no, al lado de tu querido y amado Horacio y otros familiares. El por qué no estuvimos en tu viaje final, tú muy bien lo sabes desde el TRONO que Dios te tenía preparado.

Siempre recordaremos, la primera visita que os hicimos al poco de casarnos.

Aparcamos el coche allí, en la puerta de vuestra casa. Saliste por aquella puerta antigua, con mucha historia dentro, que poco a poco fuimos descubriendo. A tu lado, tu marido, Horacio con una sonrisa que expresaba felicidad. Con el paso del tiempo, nada se nos ha olvidado.

Recordamos, Acacina, aquella sonrisa llena de felicidad, de agradecimiento profundo hacia nosotros por la visita; inolvidable, sencillamente inolvidable. Después estuvimos más veces y todas fueron una copia de la primera.

Te entregabas a nosotros por completo y nos hacías sentir personas muy especiales para ti. Te queremos dar las gracias por esa entrega tan generosa y repleta de amor. Nos hubiera encantado haber realizado más visitas, sin duda alguna. Acontecimientos familiares y otras cosas, hicieron que aquellos viajes no se repitieran. Nos dolía mucho cuando telefónicamente nos pedias que volviéramos, sabíamos que no podía ser. Ojalá hubiéramos podido volver a nuestra casa, así nos sentíamos, en nuestra casa.

Tu respeto, tu alegría sincera al vernos, tu entrega, tu generosidad, tu educación hacia nosotros se nos ha quedado grabado en nuestro interior con gran intensidad. Gracias por todo lo que nos diste.

Aquellos paseos al atardecer y al anochecer, Amparo y yo, no los hemos vivido jamás fuera de Venialbo. Un cielo azul inmenso, cargado de estrellas. Un privilegio irrepetible, acompañado por una charla tranquila, amistosa, familiar que los paseantes, Horacio, Acacina, Amparo y Rafael íbamos desarrollando paso a paso.    

Vamos a repetir para subrayar algo que ya te hemos dicho, Acacina: Con qué alegría nos recibías a Amparo y a mí, es inolvidable. Tu entrega absoluta y tu sonrisa al vernos llegar serán siempre nuestro  mejor recuerdo. Te amamos y te recordaremos cada día.

Una tarde – noche, con esa especial manera de ser, preparaste una merienda cena en aquella bodega - cueva del Tejo donde, en pleno mes de julio del 2004, teníamos que ponernos una chaqueta, aquella bodega vuestra era muy fría pero el calor familiar que allí se respiraba, era muy superior, todos juntos disfrutando de un gran banquete que nos preparaste. Todo estaba muy rico pero indudablemente tu compañía junto a la de tu marido Horacio y tu hija Manoli fue de lo mejor que vivimos esa tarde noche inolvidable.   

Tenías un don extraordinario: hacer feliz a todas las personas que pasaran por aquella puerta vieja y llena de historia, nosotros fuimos muy felices.

Nunca olvidaremos Amparo y yo las comidas que nos preparabas tan ricas y deliciosas y no las olvidaremos porque llevaban un ingrediente muy, muy especial: tu amor puro y generoso.

Gracias por haber sido una prima tan maravillosa y que siempre que fuimos a tu casa, nos recibiste con los brazos abiertos y una sonrisa que expresaba inmensa felicidad. Nos queda en el recuerdo tu entrega y generosidad y ante todo, el gran amor que repartías a los tuyos y al gran amor que entregabas a todo lo que hacías.

Acacina, tu amor se queda aquí para siempre. Descansa en paz, te lo mereces.

Amparo y Rafael /05/09/26

                                                                                                            Acacina y Horacio